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Incapacidad permanente · Neurológicas

Incapacidad permanente por neuropatía periférica: limitaciones que reconocen los tribunales

Alejandro Aradas García · · Actualizado el 24 de agosto de 2026

Las polineuropatías y neuropatías focales con dolor refractario, debilidad o ataxia pueden justificar una incapacidad permanente total o absoluta cuando se acreditan con EMG y un seguimiento neurológico riguroso.

Índice del artículo

Qué es la neuropatía periférica y por qué afecta al trabajo

La neuropatía periférica es un grupo amplio de cuadros caracterizados por la afectación de uno o varios nervios periféricos. Engloba polineuropatías diabéticas, tóxicas, hereditarias, inflamatorias (como la CIDP), paraneoplásicas o inducidas por quimioterapia, y también neuropatías focales como la del mediano, cubital o ciático poplíteo. Sus manifestaciones varían desde el dolor neuropático hasta la debilidad muscular, las parestesias o las alteraciones autonómicas.

El impacto laboral depende del tipo de afectación. Cuando aparece debilidad distal, marcha en estepaje, atrofia muscular o pérdida de sensibilidad protectora, los oficios manuales o que requieren bipedestación se vuelven inviables. Si predomina el dolor neuropático refractario, sumar tratamientos sin respuesta es la regla, y la convivencia con jornadas completas resulta imposible.

Las neuropatías periféricas son uno de los grupos de patología neurológica más heterogéneos. Algunas tienen un curso fluctuante y responden parcialmente al tratamiento—como la CIDP con inmunoglobulinas o corticoides—, mientras que otras evolucionan de forma inexorable hacia un deterioro funcional progresivo, como las hereditarias o las producidas por quimioterapia. Esta diversidad obliga a personalizar la estrategia probatoria en función de la etiología, la velocidad de instauración y la respuesta al tratamiento.

Síntomas y limitaciones más relevantes para una incapacidad permanente

Los tribunales no se conforman con el diagnóstico: exigen una traducción funcional medida y reproducible. Estas son las limitaciones que con más frecuencia llevan al reconocimiento del grado:

  • Dolor neuropático crónico refractario al tratamiento convencional, con escalas EVA elevadas y seguimiento en Unidad del Dolor.
  • Debilidad distal con marcha en estepaje, caídas frecuentes o necesidad de ortesis.
  • Pérdida de sensibilidad con riesgo de lesiones tróficas o quemaduras inadvertidas.
  • Ataxia sensitiva con inestabilidad postural y dificultad para tareas en altura.
  • Disautonomía: hipotensión ortostática, alteraciones esfinterianas, sudoración o disfunción gastrointestinal.

Grados de incapacidad permanente que pueden reconocerse

El artículo 193 LGSS define la incapacidad permanente y el artículo 194 LGSS distingue cuatro grados. En neuropatía periférica los tribunales suelen moverse en estos parámetros:

  • Incapacidad permanente parcial: poco habitual; cabe en formas leves con merma del rendimiento.
  • Incapacidad permanente total (IPT): cuando hay afectación sensitivo-motora moderada que impide el desempeño manual o la marcha sostenida en la profesión habitual.
  • Incapacidad permanente absoluta (IPA): en formas severas, con afectación tetradistal, ataxia, dolor refractario o pluripatología asociada.
  • Gran invalidez: excepcional, en supuestos con dependencia para actos esenciales.

Qué pruebas y documentación valoran INSS y los tribunales

El expediente médico de éxito en neuropatía es probablemente uno de los más exigentes. Los jueces necesitan ver pruebas neurofisiológicas, no solo un diagnóstico clínico. La continuidad asistencial y la filiación etiológica son determinantes.

  • EMG y ENG recientes, con descripción topográfica y patrón axonal o desmielinizante.
  • Estudio etiológico: analítica completa, autoinmunidad, genética o biopsia si procede.
  • Resonancia magnética cuando se sospeche compresión radicular o afectación central.
  • Escalas de dolor neuropático (DN4, NPSI) e informes de la Unidad del Dolor.
  • Cronología de tratamientos farmacológicos, infiltraciones, neuromodulación y respuesta.
  • Informe neurológico longitudinal con valoración funcional concreta.

Hay un dato que muchos trabajadores desconocen: el INSS valora especialmente las pruebas de imagen y los estudios neurofisiológicos cuantificados, no las descripciones cualitativas. Aportar dos electromiografías separadas en el tiempo, que muestren la persistencia o el agravamiento del cuadro, es uno de los mejores predictores de éxito. Si existe radiculopatía, la RM con descripción foraminal o medular es obligada. Y cuando hay dolor neuropático, los informes de la Unidad del Dolor con escalas DN4 o NPSI son altamente valorados.

Profesiones donde es más probable el reconocimiento

La jurisprudencia analiza la incompatibilidad entre las limitaciones funcionales acreditadas y las tareas esenciales del puesto. La incompatibilidad es más clara en oficios que requieren destreza manual fina, marcha sostenida, bipedestación prolongada, conducción profesional, manejo de máquinas, trabajos en altura, manipulación de cargas o cuidado directo de pacientes. Los albañiles, pintores industriales, peones de carga, conductores, personal sanitario, cajeras-reponedoras o trabajadores agrícolas constituyen el grueso de los expedientes estimados.

Jurisprudencia: qué casos están reconociendo los tribunales

El examen de las sentencias recientes de TSJ permite identificar criterios consolidados.

  • STSJ Andalucía 15159/2025: estima la IPT a un peón de carga y albañil con radiculopatía L2 y lesión iatrogénica del nervio femorocutáneo, por ser incompatible con esfuerzo físico intenso.
  • STSJ Andalucía 1449/2025: reconoce la IPT por enfermedad profesional a una cajera-reponedora con túnel carpiano bilateral recidivado, dado que su trabajo requiere flexión-extensión continuada de muñecas.
  • STSJ País Vasco 2467/2025: estima la incapacidad permanente absoluta a un albañil con polineuropatía sensitivo-motora axonal severa y ataxia cerebelosa, ante la marcha muy inestable que precisa ayuda para actos básicos.
  • STSJ Cataluña 9755/2024: mantiene la IPT en un pintor industrial autónomo con mano catastrófica y neuropatía periférica, al apreciar capacidad residual solo para trabajos sedentarios.

Los patrones decisorios en estas resoluciones son consistentes. Las neuropatías leves o moderadas documentadas por electromiograma raramente sostienen por sí solas una IPA. Las radiculopatías cervicales o lumbares con dolor e hipoestesia son la base más frecuente de los expedientes estimados. El túnel carpiano bilateral, sobre todo si está recidivado y reintervenido, justifica la IPT en profesiones manuales. La polineuropatía diabética grave abre la vía a la IPT en oficios con bipedestación o marcha. Y la cronicidad con fracaso de tratamientos abre la puerta a la IPT, aunque rara vez basta para una IPA si no hay afectación severa multinivel.

Cómo solicitar la incapacidad permanente paso a paso

El recorrido administrativo y judicial es el habitual en cualquier solicitud de IP, pero en neuropatía periférica el peso de las pruebas neurofisiológicas se hace notar especialmente en la fase administrativa.

  • Solicitud ante el INSS con EMG/ENG, RM, informes de Neurología y Unidad del Dolor.
  • Dictamen del Equipo de Valoración de Incapacidades (EVI) y resolución administrativa.
  • Reclamación previa en treinta días si se deniega.
  • Demanda ante el Juzgado de lo Social, normalmente con pericial médica privada.
  • Recurso de suplicación ante el Tribunal Superior de Justicia.

En la práctica, una de las claves está en el momento de la solicitud. Pedir la incapacidad antes de haber agotado las opciones terapéuticas razonables es uno de los errores más frecuentes y motiva muchas denegaciones. Conviene esperar a que esté documentado el fracaso de los analgésicos neuropáticos, los antiepilépticos coadyuvantes y, si procede, los procedimientos invasivos como bloqueos o neuromodulación. Una vez agotada esa fase, el expediente gana mucha solidez.

Conclusión y recomendación

La neuropatía periférica con afectación motora, dolor refractario o pluripatología es una de las patologías que con mayor consistencia obtienen el reconocimiento de IPT y, en supuestos severos, de IPA. La clave está en presentar un expediente con pruebas neurofisiológicas recientes, etiología bien filiada y un relato funcional coherente con las exigencias del puesto.

Si crees que tu cuadro encaja con los descritos, conviene que un abogado laboralista con experiencia en Seguridad Social revise tu historia clínica antes de iniciar la vía administrativa. Plantear pretensiones subsidiarias y ordenar la prueba pericial desde el principio multiplica las posibilidades de éxito.

Una recomendación adicional: cuando se pide IPA, conviene plantear la IPT como pretensión subsidiaria. Los tribunales no siempre aprecian la severidad necesaria para la absoluta, pero sí pueden reconocer la total. Articular ambas pretensiones desde el principio evita perder el grado al que se tenía derecho por defecto procesal. Una buena estrategia consiste también en revisar la posibilidad de que el cuadro tenga origen profesional, lo que abriría las prestaciones agravadas previstas para enfermedad profesional.

Alejandro Aradas García — Abogado laboralista en A Coruña. Colegiado nº 5.523 del Ilustre Colegio de Abogados de A Coruña. Más de quince años en Derecho laboral y de la Seguridad Social. Sobre mí

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