Qué es la artrosis y por qué afecta al trabajo
La artrosis es un proceso degenerativo de las articulaciones que produce desgaste del cartílago y cambios óseos. Genera dolor mecánico, rigidez, pérdida de movilidad, disminución de fuerza y limitación para esfuerzos, posturas mantenidas o movimientos repetidos. Según dónde se localice se habla de artrosis de columna, rodilla (gonartrosis), cadera (coxartrosis), manos o pulgar (rizartrosis) u hombro.
En materia de incapacidad permanente, lo decisivo no es el diagnóstico radiológico en sí mismo, sino la repercusión funcional estable y su impacto sobre las tareas esenciales de la profesión habitual. Una artrosis «avanzada» en una radiografía no equivale automáticamente a incapacidad: el tribunal valorará la limitación real para cargar peso, mantener bipedestación, deambular, agacharse, manipular herramientas o desempeñar destreza fina.
La forma más favorable para obtener incluso una IPA es la artrosis generalizada o poliartrósica con dolor severo, reagudizaciones frecuentes y limitación marcada para la alternancia postural. La afectación bilateral en extremidades inferiores o las secuelas tras prótesis con mal pronóstico funcional también pesan a favor del trabajador.
Síntomas y limitaciones más relevantes para una incapacidad permanente
Los tribunales reconocen como base suficiente para la incapacidad un conjunto de limitaciones funcionales objetivables, siempre que estén bien documentadas y mantenidas en el tiempo. La presencia de reagudizaciones frecuentes y la falta de respuesta a infiltraciones, fisioterapia o cirugía suman peso al cuadro.
- Columna: limitación para cargar peso, flexionar o rotar el tronco, mantener posturas forzadas e intolerancia a la sedestación o bipedestación prolongadas.
- Rodillas y caderas: dificultad para marcha sostenida, escaleras, cuclillas, arrodillarse y desplazamientos por terreno irregular.
- Secuelas tras prótesis articulares con mal pronóstico funcional pese al tratamiento conservador y rehabilitador.
- Manos y pulgar: pérdida de pinza y agarre, dolor con la oposición del pulgar, incompatibilidad con manipulación repetitiva o de precisión.
- Reagudizaciones frecuentes que interrumpen la actividad laboral normal.
- Disminución de fuerza y rigidez matutina prolongada.
- Necesidad de ayudas técnicas (bastón, muletas, andador) para distancias cortas.
Grados de incapacidad permanente que pueden reconocerse
El artículo 193 LGSS define la incapacidad permanente como la situación del trabajador con reducciones funcionales graves, objetivables y previsiblemente definitivas. El artículo 194 LGSS diferencia cuatro grados que se aplican también a la artrosis:
- IPP (Parcial): poco frecuente; se reserva a secuelas que disminuyen el rendimiento sin impedir las tareas fundamentales.
- IPT (Total): procede cuando la artrosis inhabilita para las tareas fundamentales de la profesión habitual, especialmente en oficios con cargas, posturas o ritmo intenso. Habitual en limitación para cargas, posturas y ritmo del oficio en trabajos físicos.
- IPA (Absoluta): requiere afectación muy severa o multisegmentaria, o un cuadro combinado que haga inviable cualquier trabajo. Favorable: artrosis generalizada con dolor severo y ayudas técnicas.
- Gran invalidez: no típica en artrosis pura, pero posible cuando coexiste dependencia para actos esenciales.
Qué pruebas y documentación valoran INSS y los tribunales
El expediente clínico debe combinar pruebas de imagen, exploración funcional y un seguimiento longitudinal. La continuidad asistencial y el aval de unidades especializadas (Reumatología, Traumatología, Rehabilitación) son fundamentales. No basta el diagnóstico aislado: hay que traducirlo en limitaciones medibles.
- Pruebas de imagen (radiografías y resonancia magnética) con datación clara y hallazgos confirmados.
- Exploración clínica funcional detallada con balance articular, valoración de fuerza y amplitud de movimiento.
- Historia clínica con evolución documentada durante al menos dos años.
- Informes de tratamientos realizados (analgésicos, antiinflamatorios, infiltraciones, rehabilitación, cirugía) y su evolución.
- Evaluación ergonómica del puesto: exposición a movimientos repetitivos, posturas, fuerza, vibración o cargas.
- Informe del EVI y peritación que analice la compatibilidad con la profesión habitual.
- Informes de vigilancia de la salud y partes de IT relacionados.
Profesiones donde es más probable el reconocimiento
La profesión habitual determina el desenlace en buena medida. Los oficios con mayor probabilidad de reconocimiento de IPT en presencia de artrosis acreditada son los que combinan esfuerzo, carga, posturas forzadas o uso intensivo de las manos:
Construcción, albañilería, peón, almacén, reparto y mensajería; limpieza intensiva y camareras de piso; hostelería, mantenimiento con esfuerzo; industria y manufactura repetitiva (especialmente con afectación de manos); jardinería y trabajos de campo. En cambio, en trabajos sedentarios puros el reconocimiento es más difícil pero posible si la limitación es muy intensa o multisegmentaria.
Cabe recordar que la rizartrosis del pulgar en trabajos manuales repetitivos puede encajar incluso como enfermedad profesional, lo que abre la puerta a prestaciones más favorables si se acredita la relación causal con el puesto.
Criterios jurisprudenciales y orientación de los tribunales
La doctrina del Tribunal Supremo sobre la profesión habitual (artículo 194 LGSS) tiene una aplicación especialmente clara en la artrosis: el grado de incapacidad se determina por la incompatibilidad entre las limitaciones funcionales acreditadas y las tareas esenciales del oficio, no por el alcance del hallazgo radiológico aislado. Esta orientación se ha consolidado a lo largo de los años y guía la interpretación que hacen los Tribunales Superiores de Justicia.
Las resoluciones más recientes de la Sala de lo Social vienen aplicando varios criterios constantes. Primero, exigen una objetivación funcional apoyada en balance articular, exploración clínica y pruebas de imagen datadas, además de un seguimiento longitudinal en Reumatología o Traumatología. Segundo, valoran muy positivamente la afectación multisegmentaria o bilateral en extremidades inferiores, las secuelas tras prótesis con mal pronóstico y los cuadros de artrosis generalizada con reagudizaciones documentadas. Tercero, ponderan la respuesta a tratamientos conservadores, infiltraciones y cirugía como elemento que cualifica la severidad del cuadro.
En cuanto al grado, la línea jurisprudencial reconoce con frecuencia la IPT en oficios de esfuerzo, carga, posturas forzadas o uso intensivo de las manos cuando la artrosis está bien acreditada. La IPA queda reservada a cuadros poliarticulares severos con dolor crónico, ayudas técnicas y afectación funcional global. Por el contrario, los tribunales recuerdan que la artrosis leve o moderada compatible con bipedestación alternada y ritmo de trabajo conservado no justifica la incapacidad, y que la presencia radiológica no equivale automáticamente a limitación funcional. La descripción precisa del puesto y la coherencia entre imagen, exploración y pericial son decisivas.
Cómo solicitar la incapacidad permanente paso a paso
El procedimiento sigue las fases administrativas y judiciales habituales. Es muy importante reunir las pruebas de imagen y los informes especializados antes de iniciar el trámite.
- Solicitud ante el INSS: con informes de Reumatología y Traumatología, balance articular y descripción del puesto. El EVI emite dictamen.
- Reclamación previa: 30 días desde la denegación.
- Demanda ante el Juzgado de lo Social: 30 días tras la desestimación. Es el momento idóneo para aportar pericial traumatológica y, si procede, ergonómica.
- Recurso de suplicación ante el TSJ: si la sentencia es desfavorable; conviene articularlo con técnica y precisión.
Conclusión y recomendación
La artrosis concede incapacidad permanente cuando genera limitaciones funcionales estables, objetivables e incompatibles con la profesión habitual. Lo decisivo no es la presencia del diagnóstico radiológico sino la intensidad de la repercusión funcional. La artrosis generalizada o poliarticular, las afectaciones bilaterales de extremidades inferiores y las secuelas postquirúrgicas con mal pronóstico son los escenarios más favorables. Confundir la imagen radiológica con la limitación funcional real es uno de los errores más comunes que llevan a la denegación.
Si tu artrosis te impide desempeñar las tareas esenciales de tu trabajo, lo más recomendable es acudir a un abogado laboralista que valore tu expediente clínico, identifique las limitaciones funcionales clave, analice la compatibilidad con tu profesión concreta y diseñe la mejor estrategia procesal. Una solicitud cuidada, con pretensiones subsidiarias bien planteadas, multiplica las opciones de éxito frente al INSS y, en su caso, ante los tribunales.